
Llega la factura de agosto y te quedas mirando el número un rato largo. No sabes si ha sido el aire, la piscina, que la luz ha vuelto a subir, o las tres cosas a la vez.
La discusión de siempre en casa: uno lo pone a 20 grados, otro dice que lo apagues, y nadie tiene el dato. Aquí lo tienes, en euros y con la cuenta hecha.
Lo que gasta por hora según frigorías
Un aparato de 2.500 frigorías consume entre 800 y 1.200 vatios por hora cuando está trabajando a plena potencia. Ese es el punto de partida.
Para pasarlo a dinero, multiplicas los kilovatios por el precio que pagues por kWh. Con una tarifa en torno a los 0,15 €/kWh, un split de 3,5 kW de frío con buena eficiencia se mueve alrededor de 8-9 céntimos por hora trabajando a tope.
Una tarde de verano de cinco horas se queda en poco más de 40 céntimos. Puesto así asusta bastante menos de lo que dice la leyenda.
El matiz importante: eso es a plena potencia. Un equipo inverter solo va a tope los primeros minutos, hasta alcanzar la temperatura. Después baja y se queda en una fracción de ese consumo.
Lo que te sube la factura en agosto
Los números del verano completo son estos:
- Un equipo de 2.500 frigorías usado 8 horas al día durante los tres meses de verano supera los 600 kWh.
- Traducido a factura, hablamos de un rango de 30 a 100 € al mes según tarifa y uso.
- Un split inverter de 3.500 frigorías encendido 8 horas diarias en julio y agosto añade entre 95 y 135 € a la factura.
Para ponerlo en contexto: la climatización y la calefacción juntas suponen hasta el 60% del gasto eléctrico anual de una casa. No es una parte más de la factura, es la parte.
¿Apagarlo o dejarlo puesto todo el día?
La discusión eterna, y tiene respuesta.
Con un equipo inverter —que es lo que lleva cualquier aparato vendido en los últimos años— el mayor consumo se produce en el arranque, cuando tiene que bajar la temperatura de toda la estancia. Una vez alcanzada, mantenerla le cuesta muy poco.
Eso significa que apagar y encender cada dos horas sale más caro que dejarlo puesto a temperatura estable, porque cada arranque vuelve a ser un pico.
Ahora bien, si te vas de casa cinco horas, apágalo. La regla práctica: para ausencias cortas, déjalo puesto y sube un grado; para ausencias largas, apágalo.
La temperatura que menos gasta
Cada grado que bajas el termostato se nota directamente en el consumo, porque el compresor tiene que trabajar más rato para mantenerlo.
Poner el aire a 20 grados en agosto no enfría más rápido: solo hace que el equipo tarde más en parar y que acabes con frío. La temperatura de confort real en verano está entre los 24 y los 26 grados, y ahí es donde el gasto se comporta.
El truco que mejor funciona es combinarlo con un ventilador de techo. Subes el termostato un par de grados, el ventilador reparte el aire, notas lo mismo y el compresor trabaja bastante menos. Un ventilador de techo con motor DC ronda los 40 W, veinte veces menos que el aire.
El inverter, ¿ahorra de verdad?
Sí, y no es marketing.
Un equipo antiguo sin inverter funciona a todo o nada: arranca a máxima potencia, llega a la temperatura, se para en seco, y vuelve a arrancar. Cada arranque es un pico de consumo.
Un inverter modula: arranca fuerte y luego reduce la velocidad del compresor para mantener la temperatura sin parar del todo. Menos picos, menos ruido y menos gasto.
Hoy prácticamente todo lo que se vende es inverter, así que no es un extra por el que pagar: es lo mínimo que debes exigir. Donde sí hay diferencia real es en la etiqueta energética, y en concreto en el valor SEER, que mide la eficiencia en refrigeración a lo largo de toda la temporada. Cuanto más alto, menos vatios necesita para dar las mismas frigorías.
Dónde se va el dinero que no ves
Tres cosas encarecen la factura sin que lo notes:
- Filtros sucios. Reducen el caudal de aire y obligan al equipo a trabajar más rato. Se limpian cada pocas semanas en temporada y es gratis.
- Persianas subidas al mediodía. Estás peleando contra el sol que entra por el cristal. Bajar la persiana en las horas de más calor hace más que dos grados de termostato.
- Un equipo mal dimensionado. Si se te quedó corto, va al 100% todo el día. Comprueba las frigorías que necesitas por m2 antes de culpar a la tarifa.
Preguntas frecuentes sobre consumo
¿Cuánto consume el aire acondicionado al mes?
Entre 30 y 100 € al mes según el equipo, las horas de uso y la tarifa. Un split inverter de 3.500 frigorías usado 8 horas al día en julio y agosto añade entre 95 y 135 € a la factura de esos dos meses.
¿Es mejor apagar el aire o dejarlo encendido?
Con un equipo inverter, para ausencias cortas sale mejor dejarlo puesto y subir un grado, porque el arranque es lo que más consume. Si te vas varias horas, apágalo.
¿A qué temperatura gasta menos el aire acondicionado?
Entre 24 y 26 grados. Bajarlo a 20 no enfría más rápido: solo hace que el compresor trabaje más rato y que acabes pasando frío.
¿Cuánto consume un aparato de 2.500 frigorías?
Entre 800 y 1.200 vatios por hora a plena potencia. Usado 8 horas al día durante los tres meses de verano, supera los 600 kWh.
¿El inverter ahorra de verdad?
Sí. Modula la velocidad del compresor en lugar de arrancar y parar en seco, así que evita los picos de consumo. Hoy casi todo lo que se vende lo lleva, así que la diferencia real entre modelos está en el valor SEER de la etiqueta energética.
¿Qué es el SEER y por qué importa?
Mide la eficiencia en refrigeración a lo largo de toda la temporada, no en un momento puntual. Cuanto más alto, menos electricidad necesita el equipo para dar las mismas frigorías. Es el número que de verdad decide tu factura.
¿Gasta mucho el aire acondicionado en modo calor?
En modo bomba de calor suele salir más eficiente que una estufa eléctrica, porque no genera calor: lo traslada del exterior al interior. El rendimiento baja cuando la temperatura de fuera es muy baja.
